El ruido de las tazas de café y las risas cruzadas dominan la mesa de un bar justo al frente del Hospital de Niños. Cualquiera que los mira desde afuera ve el clima típico de un plantel de fútbol. Bromas, chicanas sobre quién define mejor en los entrenamientos y anécdotas que viajan de boca en boca entre los pibes de la Reserva de Atlético Tucumán y el cuerpo técnico. Sin embargo, detrás de ese ambiente relajado y de indiscutible buen humor, se percibe la sensación de una jornada que dejará una marca en cada uno de ellos.

Los juveniles cambiaron por unas horas los botines por una causa mucho más exigente y gratificante: llevar un momento de alivio y alegría a quienes la están pasando mal. Los chicos armaron una movida solidaria para donar juguetes en ese centro médico de la capital. No hicieron falta fechas especiales; las únicas excusas fueron la empatía y las ganas de ayudar.

Una jugada colectiva

La iniciativa no surgió de una orden dirigencial ni de una obligación protocolar, sino del riñón del propio vestuario. Los mismos futbolistas, junto a Enrique Figueroa (Jefe de Logística), el Dr. Facundo Abdala (médico del equipo), y todo el cuerpo técnico, decidieron activar el plan para colaborar con la comunidad.

“Tuvimos la intención de juntar plata entre todos para darle una alegría mínima a estos chicos que están viviendo momentos difíciles; a nosotros no nos cuesta nada, y nos llena el alma poder ayudar a alguien que lo necesita”, relató el defensor Juan Pablo Posse, movilizado por la experiencia.

Formar personas

Para los formadores del club, este tipo de actividades no representan un desvío de la agenda deportiva, sino que se consideran una parte fundamental del denominado “entrenamiento invisible”. El director técnico de la categoría, Ramiro González, se mostró sumamente satisfecho por la respuesta, la velocidad y la predisposición de sus dirigidos ante la propuesta.

El entrenador sostiene que el proceso en el cual se encuentran es un camino de formación integral. Para González, el crecimiento de los jóvenes debe ser idéntico tanto fuera como dentro del campo de juego. “Creo que esto es algo que los hará mejores como personas pero también como profesionales”, aseguró. “El estar con los pies sobre la tierra es algo muy importante. Ver cómo ellos reaccionan ante este tipo de cuestiones a nosotros nos llena de orgullo“, agregó.

El DT destacó además el gran compromiso de la totalidad de los juveniles: “Ellos tres vienen en representación de todos. Desde el primer minuto se pusieron la 10 e hicieron lo que tenían que hacer”.

Chocar con la realidad

El universo del fútbol profesional suele construir paredes invisibles que aíslan a los deportistas del día a día de la gente común. Por eso, cruzar la puerta de un hospital pediátrico funciona como un baño de realidad necesario, movilizador y transformador para los jóvenes que aspiran a llegar a la Primera División.

Santiago Cortés, otro de los futbolistas que encabezó la comitiva, reflexionó sobre el impacto emocional que generan este tipo de encuentros: “Es lindo dar aunque sea un detalle, más que nada porque los chicos están pasando por un momento complicado“. “A nosotros esta actitud que tuvimos también nos llena mucho y estamos felices por eso”, añadió.

Además, admitieron que la experiencia caló hondo en todos ellos. “Por ahí uno no se da cuenta de las cosas que están pasando y esto te hace chocar un poco con las realidades de este mundo”, confesó el delantero Rodrigo Granillo, mientras sus compañeros asentían.

Ayudar sin calendario

Desde la cúpula dirigencial “decana”, el respaldo a estas acciones es absoluto. Alejandro Medina, miembro de la comisión directiva, estuvo presente y sostuvo que la entidad busca mantener las puertas abiertas y los brazos tendidos hacia la comunidad durante todo el año.

“El club quiere alegrarles un poco la vida a los chicos y a sus familias. No hace falta que sea una fecha especial como el Día del Niño: en cualquier época venir al hospital le saca una sonrisa a los que más lo necesitan“, explicó Medina.

Un gesto silencioso

Por cuestiones de protocolo sanitario y dinámicas internas del nosocomio, en esta oportunidad los jugadores no interactuaron directamente con los niños internados en las salas. Sin embargo, la magia y la calidez del gesto no perdieron fuerza. La delegación de Atlético fue acogida con enorme gratitud en el sector de la Dirección del hospital, donde las autoridades se hicieron cargo de recibir el cargamento de juguetes para su posterior distribución interna.

La Dra. Inés Gramajo, directora del Hospital de Niños, se mostró profundamente agradecida y reconoció la constancia del club “decano” en cuanto a ese tipo de iniciativas. “Siempre queremos que le vaya bien al club cuando juega; ellos nunca se olvidan de nosotros”, expresó.

Mientras a la salida la delegación se preparaba para seguir pensando en el partido del miércoles, quedó flotando en el aire una certeza: el campeonato de la solidaridad ya se ganó, y la grandeza de un club, muchas veces, más que por títulos, se mide por el tamaño de su corazón.